El estudio "Diagnosis of Sacroiliac Joint Pain: Validity of individual provocation tests and composites of tests" evaluó la precisión diagnóstica de diferentes pruebas de provocación de síntomas, ya sea aplicadas de manera independiente o agrupadas (Clúster), para identificar a la articulación sacroilíaca como fuente del dolor.
La articulación sacroilíaca es una estructura ubicada en la parte inferior de la espalda que conecta la pelvis con el hueso sacro. El dolor en esta articulación puede ser difícil de diagnosticar debido a la falta de pruebas diagnósticas específicas. En general, las pruebas utilizadas comúnmente consisten en aplicar presión o movimiento en diferentes áreas alrededor de la articulación para ver si el paciente experimenta dolor, por lo que se denominan pruebas de provocación.
El estudio realizado por Laslett et al. incluyó a 48 pacientes que se presentaron con dolor en la región sacroilíaca. Los pacientes fueron evaluados mediante las siguientes pruebas de provocación: 1) distracción; 2) empuje del muslo; 3) prueba de compresión; 4) empuje del sacro; y 5) Gaenslen.

Los resultados del estudio mostraron que, aplicadas de forma aislada, la prueba con mejor precisión diagnóstica ante un resultado positivo fue la de distracción, con una razón de verosimilitud positiva de 3.20 (IC del 95%: 1.42 – 7.31), mientras que la que mostró mejor precisión diagnóstica ante un resultado negativo fue la prueba de empuje del muslo, con una razón de verosimilitud negativa de 0.18 (IC del 95%: 0.05 – 0.55). En contraposición, la prueba de Gaeslen fue la que demostró menor validez, por lo que podría ser excluida del proceso diagnóstico. Por último, los autores concluyeron que la mejor opción para identificar la articulación sacroilíaca como fuente del dolor era la combinación de las 5 pruebas de provocación mencionadas anteriormente (ver Figura 1). Concretamente, el clúster mostró una sensibilidad del 93.8% y una especificidad del 78.1% cuando al menos 3 o más pruebas de provocación fueron positivas, con un área bajo la curva de 0.84, por lo que permite diferenciar con bastante seguridad si el dolor es de origen sacroilíaco.
Para facilitar la implementación clínica de estas pruebas de provocación, los autores propusieron un algoritmo de decisión clínica (ver Figura 2). De esta manera el test de distracción y el de empuje del muslo deberían ser empleados siempre en primer lugar, ya que si los 2 test reproducen los síntomas del paciente no sería necesario continuar la exploración. En caso de que solo una de las pruebas sea positiva, los autores recomiendan aplicar la prueba de compresión y, si es positiva, existiría una alta probabilidad de que la articulación sacroilíaca esté contribuyendo al cuadro clínico del paciente. Por último, si la prueba de compresión es negativa, se aplicaría la prueba de empuje sacro. Ante un resultado positivo, es probable que exista una patología de la articulación sacroilíaca, mientras que si es negativo, el dolor muy probablemente no provenga de la articulación sacroilíaca.

En conclusión, las pruebas de provocación son útiles para el diagnóstico del dolor en la articulación sacroilíaca, pero deben ser interpretadas con precaución. Los clústers pueden ser más útiles que las pruebas individuales para aumentar la sensibilidad del diagnóstico, pero por sus características psicométricas podrían producir falsos positivos. No obstante, la aplicación del algoritmo diagnóstico propuesto mediante la aplicación de 4 pruebas de provocación, permite descartar con una gran probabilidad de acierto la implicación de la articulación sacroilíaca cuando las pruebas no reproducen la sintomatología del paciente.


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